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Un mes con seis VPN: lo que descubrimos cuando las pusimos a trabajar de verdad

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Un mes con seis VPN: lo que descubrimos cuando las pusimos a trabajar de verdad

Photo: Kwameghana(Bright Kwame Ayisi), CC0, via Wikimedia Commons

Las VPN están de moda por una razón bastante simple: cada vez hacemos más cosas delicadas conectados a redes que no controlamos. Comprar con la tarjeta en el wifi del aeropuerto de Barajas, entrar en el panel de gestión de la empresa desde una cafetería, o simplemente evitar que tu operadora sepa qué plataformas consumes. Pero entre la promesa del marketing y la realidad hay un buen trecho, así que durante un mes hemos convivido con seis servicios: tres gratuitos y tres de pago, con suscripciones entre 2 y 12 euros al mes.

Cómo hicimos las pruebas

Queríamos condiciones realistas, no un laboratorio. Usamos cada VPN durante varios días en tres escenarios: navegación y streaming desde casa con fibra de 600 Mbps, conexión desde redes públicas en Madrid y Valencia, y acceso remoto a archivos de una pequeña empresa con datos de clientes.

Medimos la velocidad con y sin VPN activa en distintos servidores (España, Países Bajos y Reino Unido), comprobamos si había fugas de DNS usando herramientas públicas, y contamos cuántos servidores y países ofrecía realmente cada servicio, porque en las webs algunas cifras se hinchan bastante.

Lo que ofrecen las de pago

Las tres VPN de pago analizadas cumplieron en lo esencial: cifrado sólido, sin fugas de DNS en ninguna prueba y velocidades que rondaban entre el 70% y el 90% de nuestra conexión base. Con la más rápida, ver contenido en 4K era indistinguible de navegar sin VPN.

En el apartado de privacidad, las tres declaran políticas de no registro de actividad, y dos de ellas han pasado auditorías independientes publicadas en su web. Es un punto que recomendamos comprobar antes de pagar: que una VPN diga que no guarda registros vale poco si nadie externo lo ha verificado.

El precio no tiene por qué asustar. Los planes anuales de las tres rondan entre 2 y 5 euros al mes, menos de lo que cuesta un café con leche al mes en la esquina de tu barrio. Para una pyme que maneja datos de clientes, esa cifra es ridícula comparada con el coste de una fuga de información.

Las gratuitas: gratis como en el cuento

Aquí es donde el asunto se pone feo. Las tres VPN gratuitas probadas presentaban el mismo patrón: velocidad muy limitada (en un caso, caídas del 85% de la conexión), servidores saturados y, lo más delicado, opacidad total sobre quién está detrás del servicio.

Y es que mantener servidores cuesta dinero. Si no pagas tú, alguien paga por ti: se inunda la interfaz de publicidad, se limita el tráfico para empujarte al plan de pago o, en el peor de los casos, se monetizan tus datos de navegación. Hay casos documentados de VPN gratuitas que vendían información de sus usuarios a brokers de publicidad. Una herramienta que promete protegerte y a la vez te espía es, directamente, contraproducente.

Otro problema práctico: las gratuitas suelen tener catálogos de servidores mínimos y bloqueados por muchas plataformas. Intentamos usarlas para ver una serie en una plataforma de streaming y fallamos en los tres intentos.

¿Cuál necesitas según tu caso?

Si solo navegas desde casa: probablemente no necesites una VPN de pago permanente. Tu fibra doméstica ya es una red privada, y el cifrado HTTPS que usan las webs bancarias cubre lo esencial. Un servicio gratuito ocasional para algo puntual puede bastar, siempre que sea de una empresa con reputación verificable.

Si viajas o usas redes públicas: aquí la cosa cambia. El wifi de un aeropuerto o de un hotel es terreno abonado para ataques de intermediario. Una VPN de pago con buena velocidad y apps para móvil es una inversión sensata, y con los planes anuales el coste es mínimo.

Si trabajas con datos de clientes o de tu empresa: sin dudarlo, de pago. Y no cualquier servicio: busca políticas de no registro auditadas, soporte de protocolos modernos como WireGuard y una empresa con sede en jurisdicciones serias. Además, si tu pyme tiene equipos remotos, plantéate que la VPN sea parte de una política de seguridad más amplia, no la única medida.

Nuestra conclusión

Tras un mes de uso, la respuesta corta es que una VPN de pago barata gana de paliza a cualquier gratuita en velocidad, fiabilidad y tranquilidad. Las gratuitas pueden servir para un uso esporádico y poco exigente, pero no son herramientas de protección serias: son versiones de prueba con publicidad.

Si vas a pagar, hazlo en anual, revisa que exista una política de devolución (las tres de pago la ofrecían entre 30 y 45 días) y desconfía de cualquier servicio que prometa anonimato total. La VPN protege tu conexión, no convierte tu vida digital en invisible. Y eso, para el 95% de los usuarios, es más que suficiente.

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